
Las Naciones Unidas y la real representación
Para la Escuela Realista de las Relaciones Internacionales y mas precisamente para uno de sus máximos exponentes, Hans Morgenthau, “La política internacional es entendida como la lucha por el Poder”. Esta concepción choca de frente con el formato institucional de la estructura internacional moderna, por lo menos en términos ideológicos, ya que se creía que ésta llevaría a que los intereses de los distintos actores internacionales sean complementarios. Por el contrario, salta a la vista que esta naturaleza de concordancia no se manifiesta, ya que los intereses complementarios a menudo quedan subordinados a los intereses particulares de los actores con más poder en la estructura internacional.
Lo expresado en el párrafo anterior es lo que provoca, en gran medida, este descreimiento internacional conseguido por Naciones Unidas en estos últimos años, situación que llevó a cuestionar hasta su voluntad de perseguir los objetivos básicos y primarios de mantener la paz y la seguridad Internacional. A este último aspecto, debe sumársele la discusión referente a sus órganos de representación y toma de decisiones; aquí el problema se centra en la diferencia en cuanto a la fuerza de ejecución que poseen la Asamblea General y el Consejo de Seguridad, ya que en la primera todos los países están representados y tienen voz y voto pero, en el segundo, que trata en definitiva las cuestiones más relevantes que son las referidas a la paz y seguridad, las decisiones recaen sobre unos pocos países, donde los más poderosos tienen derecho a veto.
Este concierto de situaciones genera una sensación de desamparo institucional a nivel internacional, sensación que se vio renovada por la invasión de las potencias aliadas a Irak, comandada por Estados Unidos, bajo argumentos que carecieron de todo sustento hasta ser refutados, no obstante han servido para una intervención que continua hasta el día de hoy. Cabe aclarar, que esta sensación de desamparo no es patrimonio absoluto de las naciones de Oriente, Latinoamérica ha sido el escenario de un sin número de estos acontecimientos y nuestro país no es la oveja negra del rebaño, no olvidemos la situación internacional con respecto a nuestras islas Malvinas y tampoco desestimemos futuros conflictos referentes a nuestras reservas de agua dulce, para citar algunos ejemplos.
De todo esto se desprende una concepción de Naciones Unidas que mucho dista de sus objetivos básicos primarios, concepción que la define como un aparato centralizado y organizado de legitimación internacional de la política exterior de las grandes potencias, argumentando y justificando la toma de decisiones a través de conceptos que resultan verdaderamente cuestionables y hasta algo contradictorios, tal como el de la famosa guerra preventiva.
Concluyendo, en vísperas de una inminente situación de conflicto bélico en Irán, queda por ver el comportamiento de la máxima Organización Internacional; para un correcto desempeño, es necesario que los postulados grandilocuentes den paso a soluciones concretas, que sea el reflejo de las decisiones de las naciones que la componen en su totalidad, sin ninguna distinción ni preferencias. En pocas palabras, que persiga los objetivos básicos para los que fue creada: mantener la paz y la seguridad internacional. Sólo de esta manera recuperará su credibilidad institucional y la confianza de todos los países que la componen.
Lo expresado en el párrafo anterior es lo que provoca, en gran medida, este descreimiento internacional conseguido por Naciones Unidas en estos últimos años, situación que llevó a cuestionar hasta su voluntad de perseguir los objetivos básicos y primarios de mantener la paz y la seguridad Internacional. A este último aspecto, debe sumársele la discusión referente a sus órganos de representación y toma de decisiones; aquí el problema se centra en la diferencia en cuanto a la fuerza de ejecución que poseen la Asamblea General y el Consejo de Seguridad, ya que en la primera todos los países están representados y tienen voz y voto pero, en el segundo, que trata en definitiva las cuestiones más relevantes que son las referidas a la paz y seguridad, las decisiones recaen sobre unos pocos países, donde los más poderosos tienen derecho a veto.
Este concierto de situaciones genera una sensación de desamparo institucional a nivel internacional, sensación que se vio renovada por la invasión de las potencias aliadas a Irak, comandada por Estados Unidos, bajo argumentos que carecieron de todo sustento hasta ser refutados, no obstante han servido para una intervención que continua hasta el día de hoy. Cabe aclarar, que esta sensación de desamparo no es patrimonio absoluto de las naciones de Oriente, Latinoamérica ha sido el escenario de un sin número de estos acontecimientos y nuestro país no es la oveja negra del rebaño, no olvidemos la situación internacional con respecto a nuestras islas Malvinas y tampoco desestimemos futuros conflictos referentes a nuestras reservas de agua dulce, para citar algunos ejemplos.
De todo esto se desprende una concepción de Naciones Unidas que mucho dista de sus objetivos básicos primarios, concepción que la define como un aparato centralizado y organizado de legitimación internacional de la política exterior de las grandes potencias, argumentando y justificando la toma de decisiones a través de conceptos que resultan verdaderamente cuestionables y hasta algo contradictorios, tal como el de la famosa guerra preventiva.
Concluyendo, en vísperas de una inminente situación de conflicto bélico en Irán, queda por ver el comportamiento de la máxima Organización Internacional; para un correcto desempeño, es necesario que los postulados grandilocuentes den paso a soluciones concretas, que sea el reflejo de las decisiones de las naciones que la componen en su totalidad, sin ninguna distinción ni preferencias. En pocas palabras, que persiga los objetivos básicos para los que fue creada: mantener la paz y la seguridad internacional. Sólo de esta manera recuperará su credibilidad institucional y la confianza de todos los países que la componen.
Lic. Alejandro Javier Grana (JP Jauretche)
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